CLAC. Installation with Hubert Kostner. 2014.
Gefängnis Le Carceri, Caldaro, Italy.
Se trata de un antiguo centro carcelario, ahora convertido en un espacio del arte. La exposición básicamente propone una colaboración especial entre dos artistas: un hombre y una mujer.
Hubert Kostner procede de los Dolomitas. Ha recuperado el taller de escultura de madera tradicional de su padre, pero trabaja como artista contemporáneo, interrogándose sobre la cultura de este país tan peculiar. Su obra tiene que ver con la interacción entre el arte y la naturaleza.
Hélène Picard por su parte ha nacido en Francia, pero ha vivido más de diez años en España. Su trabajo se ha centrado en la idea del traje y del vestido femenino, y en su relación con la pintura. Ha trabajado sobre el cuerpo como soporte del traje, y sobre el traje como expresión del arte. Ha experimentado también con la transformación de la casa en pintura y de la pintura en casa.
De algún modo era natural que ambos artistas llegasen a un punto de encuentro, precisamente en este espacio de interacción no natural que es la cárcel.
La idea inicial de la exposición consiste en trabajar alrededor del tema mismo de la cárcel. Por eso la exposición se titula CLAC, como el ruido de la puerta que se cierra, o de la llave que gira en la cerradura, o de algo que explota.
“Queremos trabajar alrededor del mundo carcelario —escribe Hélène Picard— que se nos aparece como un mundo lleno de reglas y de represión, pero también como un mundo de transgresión. Cuando uno va a la cárcel es porque se ha saltado las reglas, y entrar en estos lugares es como pasar al otro lado de las reglas”.
Para Hubert Kostner, el tiempo cuenta mucho en la cárcel, así como la sexualidad. Él proyecta sus obsesiones masculinas sobre las mujeres con las que sueñan los prisioneros de la cárcel, pintando sobre calendarios eróticos y cubriéndolos de pintura. Lo que sugiere la idea de que, de algún modo también, las mujeres están allí como encarceladas. Kostner interviene sobre estas imágenes eróticas o pornográficas, pintando de negro las figuras femeninas, de blanco las masculinas y de color amarillo las otras figuras. Ello genera una cierta abstracción de la pintura, aunque su modo de tachar y censurar los cuerpos le recuerda también la prohibición de exhibir el cuerpo y el rostro de las mujeres en los países árabes.
Para Hélène, por su parte, la celda aparece como un lugar simbólico de transgresión, y curiosamente también, como un espacio mental de emancipación. Cuando visitamos esta exposición, entramos en lugares restringidos donde se concentra toda la vida de un individuo que ha ido más allá de las reglas. De algún modo querríamos descubrir sus secretos. Allí donde todo está prohibido, de algún modo también todo está permitido. Entramos así en el espacio mental de la persona que estuvo aquí encerrada. Es un espacio, a pesar de todo, de licencia, de fragilidad y de fantasía. Hélène recuerda el libro de Virginia Woolf, Una habitación propia, donde la emancipación de la mujer tiene lugar a través de la posibilidad de tener una habitación para sí sola.
La intención de Hélène Picard es la de presentar acuarelas (medio frágil y transparente) representando joyas enormes que aparecen junto a rostros casi evanescentes. “Elegí trabajar sobre las joyas —nos dice—, porque son las cosas que se quitan al entrar en la cárcel y que se pueden recuperar al salir, que son signo de riqueza, y de feminidad”.
Miguel Cereceda